diumenge, 5 d’octubre del 2014

Ella

Lágrimas negras descendían por esas mejillas rojas y ardientes. Cada una le daba paso a otra; desordenadas, arruinaban el maquillaje turquesa. Sollozos desconsolados y rítmicos acompañaban a la desfilada de esas gotitas en una agitada danza de tristeza. Un pañuelo blanco cerraba el paso a las traviesas lagrimas para unos segundos después volver a renacer. Música clásica resonando por toda la habitación; una única persona escuchando ese piano frágil y dulcemente tocado por dos manos finas y acompasadas.
Amargura en el aire; olor de recuerdos y añoranza por todas partes. Manos en el suelo y tacones indecisos aguantando el ligero peso de un cuerpo dolorido. Un corazón que ama sin ser amado; una alma desilusionada partida en dos, buscando y no encontrando la explicación. El timbre suena y vuelve a sonar. Zapatos que chocan contra el suelo y risas femeninas.
Abre la puerta del baño. Una última refregada sobre los ojos tristes para calmar el llanto. Un “stop” en el piano tranquilizante. Respiración acelerada, tensa. No puede creer en la alegría. El reflejo del espejo avisa de un botón desabrochado en la chaqueta azul marino; la falda de cuadros torcida y una Desaliñada Janet. Una pequeña inclinación hacia el suelo y cargar con el peso de los libros. Un “¡Janet!” desesperado resonando por el pasillo con baldosas relucientes. Un “Ya voy” sin ánimo de “ya ir”.

Y ya está. Todo arreglado. Una coleta de caballo algo alta y un pañuelo para acabar de limpiar la cara. Pestañas desmaquilladas. Ojos hinchados de tanto llorar y unos labios tensos formando una línea recta. Cara inexpresiva y rasgos de maquillaje deshecho.
Un paso.
Dos.

Tres y se para. No hay fuerza para más; un hueco en el pecho le duele y le escuece...Su dulce sonrisa con sabor a vainilla parece haber desaparecido para siempre. Todo da vueltas, nada importa. Quiere girar la cara, pero no se vale mirar hacia atrás. 

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