diumenge, 31 de maig del 2015

Burbujas

Burbujas. Muchas burbujas vuelan por encima de mi cabeza, tranquilas y relucientes. Una, pequeña, tímida y con curiosos reflejos azules danza lentamente por encima de mi nariz hasta tocarme la punta de ésta haciéndome cosquillas y acabando su corta existencia con una explosión silenciosa. Con la punta de mi dedo voy buscando las demás y las presiono hasta explotarlas. Mis bonitas víctimas jabonosas van muriendo sin quejarse a medida que el agua de la bañera se enfría. Incómoda, muevo el pie izquierdo. “Mierda, se me ha dormido” pienso. “Eso te pasa por estarte una hora en remojo mirando las musarañas, tonta. Hasta tus dedos parecen uvas pasas” me responde mi subconsciente con voz burlona. Al instante me miro mis manos, y suspiro, cansada. Ni un baño lleno de burbujas y jabón con olor a rosas me sirve para sacarme mi sensación de asco. Faltan tres semanas para que vuelva a empezar el instituto. Buaj. Con cuidado retiro el tapón y observo cómo el agua, libre y fresca  se escabulle para siempre por el desagüe. Me gustaría ser una de esas gotas de agua para escaparme por un agujero y no volver jamás.
La punta de mi dedo gordo del pie toca con cuidado el suelo, probándolo. Se retira rápidamente al comprobar que está gélido. Vuelve a intentarlo, más tranquilamente y ésta vez es todo el pie. El otro pie. Por fin. Mis manos siguen arrugadas. Parezco mi abuela, con esas manos que reflejan los años que llevan viviendo…. El espejo está entelado por el vapor, así que con mis dedos formo un círculo para observar mi cara. Vaya, me ha salido un grano. ¡Qué asco! Mi teñido color caoba ya se ha desgastado mucho y parezco un espantapájaros. El rímel se ha corrido con el agua y el jabón. Me odio. Levanto el dedo corazón hacia mi reflejo y me saco la lengua. “Vaya con la genética” pienso. Me pongo el albornoz y me dirijo haciendo saltitos de cabra hacia mi habitación vigilando que no me vea nadie. No me seco el pelo porque esta tarde me voy a la peluquería. Me miro otra vez el pelo y pienso que ya le toca a al pobre. Me visto rápidamente sin mirar mucho lo que me pongo y vuelvo al baño. Coloco una fina capa de pasta de dientes encima del grano y vuelvo a mi cuarto.


La vida sigue.

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