Burbujas. Muchas
burbujas vuelan por encima de mi cabeza, tranquilas y relucientes. Una,
pequeña, tímida y con curiosos reflejos azules danza lentamente por encima de
mi nariz hasta tocarme la punta de ésta haciéndome cosquillas y acabando su
corta existencia con una explosión silenciosa. Con la punta de mi dedo voy buscando
las demás y las presiono hasta explotarlas. Mis bonitas víctimas jabonosas van
muriendo sin quejarse a medida que el agua de la bañera se enfría. Incómoda,
muevo el pie izquierdo. “Mierda, se me ha dormido” pienso. “Eso te pasa por
estarte una hora en remojo mirando las musarañas, tonta. Hasta tus dedos
parecen uvas pasas” me responde mi subconsciente con voz burlona. Al instante
me miro mis manos, y suspiro, cansada. Ni un baño lleno de burbujas y jabón con
olor a rosas me sirve para sacarme mi sensación de asco. Faltan tres semanas
para que vuelva a empezar el instituto. Buaj. Con cuidado retiro el tapón y
observo cómo el agua, libre y fresca se
escabulle para siempre por el desagüe. Me gustaría ser una de esas gotas de
agua para escaparme por un agujero y no volver jamás.
La punta de mi
dedo gordo del pie toca con cuidado el suelo, probándolo. Se retira rápidamente
al comprobar que está gélido. Vuelve a intentarlo, más tranquilamente y ésta
vez es todo el pie. El otro pie. Por fin. Mis manos siguen arrugadas. Parezco
mi abuela, con esas manos que reflejan los años que llevan viviendo…. El espejo
está entelado por el vapor, así que con mis dedos formo un círculo para
observar mi cara. Vaya, me ha salido un grano. ¡Qué asco! Mi teñido color caoba
ya se ha desgastado mucho y parezco un espantapájaros. El rímel se ha corrido
con el agua y el jabón. Me odio. Levanto el dedo corazón hacia mi reflejo y me
saco la lengua. “Vaya con la genética” pienso. Me pongo el albornoz y me dirijo
haciendo saltitos de cabra hacia mi habitación vigilando que no me vea nadie.
No me seco el pelo porque esta tarde me voy a la peluquería. Me miro otra vez
el pelo y pienso que ya le toca a al pobre. Me visto rápidamente sin mirar
mucho lo que me pongo y vuelvo al baño. Coloco una fina capa de pasta de
dientes encima del grano y vuelvo a mi cuarto.
La vida sigue.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada