9. (24 de marzo de un
año muy posterior al año presente)
La niñita recorría la
casa riendo y dando saltitos de cabra. Un lavabo por aquí, un dormitorio por
allá… Eso de mudarse le hacía cada vez más ilusión. Esa casa (para no decir
palacio) le parecía el lugar más interesante del mundo. Tenía tres pisos y
todos los muebles estaban cubiertos con mantas blancas llenas de polvo. Pero
sabía que sus padres iban a pintarla y acicalarla y que, cuando acabaran de
hacerlo, sería el palacio más bonito de todos los palacios.
Entró en el dormitorio
más grande y majestuoso de ese domicilio tan peculiar y empezó a corretear.
Ella quería que ese fuese su dormitorio, y sabía que con sus estrategias de
niña pequeña conseguiría su objetivo. Lanzó su pelota hacia la pared una y otra
vez; esta rebotaba hacia ella de vuelta y la niña la volvía a lanzar. Repitió
este juego hasta que se cansó. Lanzó la pelota con mucha fuerza al suelo y una
baldosa revotó. Los colores le subieron a la cara pensando que había roto el
suelo y fue corriendo a mirar qué había pasado. Para su alivio, la baldosa
estaba intacta. Introdujo sus deditos en pequeño espacio que había quedado
entre baldosa y baldosa y retiró un poco el objeto. Alucinada, descubrió un
espacio bastante profundo debajo del azulejo que acababa de retirar del suelo.
Introdujo la mano y
sacó varios objetos: una carpeta con tres fotografías, una libreta, una caja
con candado… No podía creer que esto le estuviera pasando a ella. ¡Por fin un
misterio que investigar! Estaba realmente animada.
Miró las fotografías:
una mostraba a una bella mujer junto a un hombre aún más bello, en la siguiente
salía la misma mujer algo más joven con otro chico diferente al anterior y en
la última salía un niño con mirada traviesa. Dejó las fotografías de lado y
cogió la caja con el candadito. Desistió de intentar abrirla después de varios
intentos fallidos. La dejó a un lado y abrió la libreta. Las páginas tenían un
color amarillento por su antigüedad y olía a viejo. La niña empezó a leer:
15 de mayo
La muerte me llama. Me habla, me seduce y me lleva consigo. Es la sensación
más dulce y placentera que nunca antes he sentido. Huelo la oscuridad y me dejo
llevar por ella. Sus tiernas manos me acarician y me susurran lo buena que soy.
Todas mis ansias y propósitos se resumen en una palabra: deceso.
La sangre corre por mis manos; aún está caliente. La siento entrar en mis
entrañas y una sensación de gozo me estremece. Necesito más, necesito mucha
más.
Ayer encerraron a Jules. Ayer me comí mi venganza y la disfruté cual niña
pequeña. Él se lo buscó.
Realmente ha sido el único al que he amado, pues nunca he sentido algo que
no fuera desprecio por los hombres. Todos me recuerdan a Gabriel: idiotas,
creídos, deseosos de poseer toda atención por parte del mundo entero. Es muy
desagradable.
Hasta que le conocí miraba a los hombres con frialdad y sin ningún tipo de
sentimiento: sólo veía en ellos la siguiente víctima. ¿Qué podían
proporcionarme sino era mi deseada sensación al tener la muerte tocándome las
manos? ¿Qué podía ofrecerme un ser que no merecía estar en la faz de la tierra
sino su desaparición merecida?
Ese niñito macabro llegó a seducirme. Hasta me apartó de mis hábitos
criminales. Decidí dejarlo absolutamente todo, convertirme en alguien que
mereciera de su amor. Por él.
Adoptada. Esa palabra era mi inspiración hasta que conocí a Jules. Después
pasó a ser “traición”.
Su abandono me produjo más consecuencias que todo lo que haya podido hacer
en mi vida.
Mi venganza sería ejemplar.
Me decanté por dejarle tener esperanza. La esperanza es lo último que se
pierde.
No me costó mucho seducir al idiota de su amigo Mauricio, ese atontado que
sólo tenía libros en la cabeza. Menos me costó estrangularlo y crear pruebas
falsas bastante evidentes. Sabía perfectamente que el muy estúpido de Jules se
volvería a poner ese horrible collar aunque se lo rompiera. Menos mal que hoy
en día las autoridades son de lo que no hay y se creen cualquier cosa por
cerrar un caso. Qué cara de idiotas tenían esos dos detectives.
Ahora Jules tiene esperanza. Esperanza de salir algún día del trullo y ser
libre. Aunque con su gran nivel de inteligencia debe saber que no se ha librado
de mí, ni ahora ni nunca.
Le espero con todas las ganas aquí fuera. Nos seguiremos divirtiendo.
Y yo, ésta noche fría de mayo, saldré a pasear y veré que puedo hacer para
volver a sentir. Volver a volar en las tinieblas. Los ángeles negros somos
sombríos.
¿Qué si no tengo miedo de ser descubierta?
¿Quién va a sospechar de una pobre mujer a la que se le murió primero el
hermano, después el padre y para rematar el amor de su vida?
Con todo mi afecto, Zubel.
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