10. Nueva vida
Katerina se levantó,
sobresaltada. Acababa de tener otra pesadilla.
Sufría se horribles
sueños desde que llevaron ese caso tan extraño, el del librero. Nunca acabó de
entender ese caso. Todas las pistas llevaban a pensar en el señor García. Hasta
la irrefutable muestra de ADN. ¿Qué podía decir?
Aún y así no entendía
la reacción del hombre. Cuando le visitaron en su domicilio y al principio del
interrogatorio parecía totalmente cuerdo y además ajeno a ese crimen. Todo
cambió con la involucración de esa chica, Zubel Nieblas.
Se fue a servir un
vaso de agua a la cocina, pues tenía mucha sed.
Reflexionó sobre lo
que dijo él entre balbuceos. Algo como “sabía que esto llegaría”, “enferma” y
“hasta me lo leyó”. Estaba a punto de encontrar la respuesta, pero no conseguía
unir todas las piezas.
Elle les explicó que
cuando eran unos adolescentes fueron íntimos amigos. Él le confesó su amor,
pero ella le rechazó. Esto le dejó trastornado, y además le siguió enviando
cartas durante años rogándole que le correspondiera, pero solo ella le ofrecía
retomar su amistad.
También nos dijo que
era un chico muy tierno y amable, pero también tenía ataques de genio y salidas
algo psicópatas, aunque ella le aguantó todo durante años.
Ella.
Ella nos dijo todo lo
que necesitábamos oír. Nuestra cliente, la primera en querer encontrar el
culpable.
La primera en ser la
culpable.
Buscó en su agenda de
números el de Ricardo y no tardó en llamarlo. Le respondió con voz de dormido y
algo cabreado. Ella le explicó su teoría.
-¿Pero tú te has
escuchado? A ver si la loca aquí eres tú…
-Ricardo, piénsalo. La
única fuente que nos dijo que estaba enamorado de ella fue Zubel misma. Tenía
respuesta para todo. Hasta cuando le pregunté por otros compañeros, sabía sus
nombres y quienes eran.
-Porque Mauricio se
los había presentado, Kat.
-Él parecía desconocer
que era Zubel su prometida y no otra mujer… Era como si nunca antes Mauricio le
hubiera dicho quién era su prometida.
-Katerina, creo que
estás un poco paranoica con todo este asunto. Olvídalo ¿vale? Ya tienen al
culpable y parece estar muy seguro de serlo. No creo que la señorita Zubel haya
matado a nadie. Nos vemos mañana.
Y colgó.
Katerina miró a su
alrededor. Su corazón palpitaba más rápido que nunca.
Sabía que era muy difícil
de creer, y que la dejarían sola en esto. Pero estaba dispuesta a demostrar su
teoría.
Mientras alguien
supiera la verdad esta nunca moriría.
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