diumenge, 31 de maig del 2015

Soledad: para mi padre

Todo está vacío, como sin color, sin textura, sin nada ni nadie que lo llene.
Trato de salir de este lugar sin vida, sin gozo, sin alegría.     
No hay caminos ni senderos, no hay señales ni carteles que me digan por dónde irme, ni siquiera un rastro que poder seguir y que lleve a un lugar mejor.
Estoy encerrada en un lugar lúgubre, confuso y lleno de horrores, como si cualquier signo de felicidad fuera expulsado de este lugar.
Un lugar infinito lleno de barreras y preocupaciones, un lugar solitario lleno de ecos de palabras y frases que alguien dijo, alguien desconocidamente conocido.
Trato de huir, corro sin moverme, escapando de mi misma. Sin cansarme pero exhausta, sin aliento.
Miro lo que tengo delante. Veo recuerdos en forma de fotografías: en ellas están mis seres queridos, amigos y conocidos.
Todos tienen algo en común: todos estaban y ya no están. La vida se los llevó y solo dejó sus memorias en la mente de la gente, en la mía.
Trato de acabar con todo cuando aparece mi padre. Me dice que le acompañe pero algo que no consigo distinguir me impide llegar. Una barrera invisible me priva el paso.

Escucho una voz, su voz. Suena sin sonido y me dice que aunque me abandonara, siempre me acompañaría en mi mente, lugar de refugio para personas solitarias.

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